lunes, 3 de octubre de 2011

Una leyenda

"La Matlacihua"

La Matlacihua se remonta a las épocas más primitivas de nuestras raíces. Era la diosa de la muerte, Mictlantecihuatl (Mic—muerte, tlan—lugar, cihuatl—mujer, señora. La señora del lugar de los muertos). Es la que regía el inframundo, y tenía un esposo— Mictlantecutli (El señor del lugar de los muertos). Mientras pasaban los milenos, su nombre se deformó y quedó Matlacihua. Se cortó el nombre, se hizo en dos pedazos, y se juntaron los dos pedazos. Pero originó de la verdadera diosa de la muerte, la diosa del inframundo. En México el termino inframundo no era considerado malo—esa creencia del infierno fue introducida por los Europeos. Antes, pedirle algo a la muerte era como pedir un poco de vida; en otro termino se le pedía otro poco de tiempo para estar en la tierra. 

En América Central, la muerte era de gran importancia, ya que En la noche, cuando las personas estaban más desprotegidas, se le pedíamos un favor al dios de la noche, para cuidarlos de todo mal que pudiera ocurrir.  La noche, la muerte, la oscuridad, los poderes de la luna, y los animales, daban sentido de vida y cuidado a la humanidad. Eran ellos que regían la bondad de esos lugares tan peligrosos.
        





La Matlacihua, consecuentemente, era parecida a una mamá grande—una madre de todos. Junto a ella, existía La Huehuetsimeme, lo que quiere decir la abuela demonio. Sin embargo, no era un demonio, sino un ser que castigaba. Y La abuela Huehuetsimeme, en su turno, tenía otros ayudantes que eran mujeres descarnadas. Según las leyendas, eran mujeres muertas de cuerpo completo pero con la quijada de puro hueso sin carne. Salían representadas en los códices con tocados hermosos y pechos descubiertos—verdaderas bellas imágenes. Eran súbditos que obedecían los ordenes de la Matlacihua y la abuela demonio—las madres 

En México, los hombres tenían la reputación de consumir bastante alcohol y muy seguido andaban borrachos. Esto hacía que las madres se enojaran y que a sus hijos les mandaran a la casa a compartir con sus familias—con sus esposas y sus hijos. La Mictlantecihuatl, siendo la mamá más grande de todas, era la que se enojaba más que ninguna. Por lo tanto, era ella la que conducía a los hombres ebrios a las espinas y a los lodos. Era una forma de castigarlos por su mal comportamiento y desobediencia.

Leyendas de la matlacihua podemos encontrar varias pero yo les dejo esta a ver que les parece.

"La leyenda de la Matlacihua"

Ésta historia me la contó mi abuelo hace poco. Dice que cuando era joven le encantaba tocar guitarra, y varios chavos en su pueblo se reunían para llevar serenata a sus novias o a las chavas que les gustaba. Vivía en un pueblo rústico muy lejos de la ciudad, dice que en ese entonces no había luz en todo el pueblo, sólo llegaba a las 7:00 pm y se iba a las 11:00 pm. (la luz).

Entonces, cuando terminaban de “echar gallo” como ellos le llamaban a las serenatas, se iban cada uno a sus casas. Es ahí que cuenta que cierta vez al regresar a su casa cerca de la una de la madrugada, caminaba por las callejuelas retorcidas y empotradas del pueblo alumbrado sólo por la luz de la luna y la de un pequeño candil de petróleo. Al pasar entre dos casas supuestamente abandonadas percibió, a medias, un bulto que le llamó de sobremanera la atención. El bulto se incorporó dejando ver apenas la figura de una mujer, él dirigió la luz de su candil hacia la mujer, avanzando unos pasos hacia ella, y pudo percatarse de su aspecto físico, dice; “era una mujer de cabello largo y negro, blanca, de ojos negros, preciosa, vaya era hermosa, llevaba un vestido largo blanco, parecía una túnica”, lo que le llamó la atención era que parecía que sus pies no tocaban el suelo, sólo se deslizaba.

Dice que sintió que había caído en una especie de hechizo o algo así porque el corazón le latía muy fuerte y sentía vehemencia por tocarla, acariciarla y ella no lo permitía, se deslizaba, era muy ágil y él sólo caminaba queriéndola alcanzar. No sabe a ciencia cierta cuánto tiempo pasó, pero empezó a sentir fuertes piquetes en sus piernas y en sus brazos, y eso fue lo que lo hizo volver de ese trance.

Sintiendo un frío intenso despertó para percatarse que se encontraba en la cima de un peñasco y estaba enredado en las espinas, un paso en falso y se caería al precipicio . Ya empezaba a amanecer, no sabía dónde estaba y recordando viejas consejas pudo comprender que era obra de la Matlazihuatl**.

Anduvo perdido todo el día y al entrar la tarde llegó al pueblo, estuvo a punto de morir pues fue presa de una fiebre y delirios increíble. Ahora dice haber sido muy afortunado de no haber muerto, el dolor que le produjeron las espinas lo salvó de morir.

Nota: Mi abuelo jura que lo que le ocurrió es verdad y yo he investigado que la Matlazihuatl** es una mujer, cuya belleza es capaz de enloquecer de amor a un hombre y dejarlo en una especie de hipnosis para después llevarlo al monte donde sus gritos no le sirvan de nada y asesinarlo brutalmente no sin antes dejarle ver su horrenda personalidad, la de un ente infernal cuya sola visión es capaz de tornar blancos los cabellos por el terror que produce.

Mascara de Terror



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